OTRAS COSAS By La Perra Negra. La fantasía de estar cerca. Vedettes & Idols

La figura de la vedette dominó durante décadas el imaginario popular latinoamericano como símbolo de deseo y espectáculo. Hoy, en la era digital, las idols, influencers y creadoras de contenido encarnan nuevas formas de admiración basadas en la cercanía emocional. Este texto explora qué revelan ambas figuras sobre los cambios culturales de su tiempo.
OTRAS COSAS By La Perra Negra. La fantasía de estar cerca. Vedettes & Idols

Las vedettes fueron una de las figuras femeninas más reconocibles de la cultura popular latinoamericana. Lentejuelas, plumas, maquillaje brillante y una presencia imposible de ignorar. Su trabajo consistía, en gran medida, en captar la mirada.

Cuando hablo de vedettes no me refiero al uso peyorativo que la palabra adquirió con los años, sino a las artistas de revista: mujeres que cantaban, bailaban, actuaban y encabezaban espectáculos donde la sensualidad era parte importante de la puesta en escena.

Muchas de ellas provenían de contextos alejados de la ciudad (de todos sus goces y beneficios) y encontraron en el espectáculo una forma de movilidad social, independencia económica y visibilidad pública. Lo interesante es que, aunque durante décadas fueron vistas principalmente como objetos de deseo masculino, muchas terminaron convirtiéndose en algo más complejo: figuras mediáticas con voz propia, capaces de construir carreras, tomar decisiones y ocupar espacios de poder dentro de una industria que inicialmente parecía quererlas solo como fantasías.

Pienso en figuras como Susy Díaz o Monique Pardo. Mujeres que comenzaron siendo observadas y terminaron aprendiendo a utilizar esa atención a su favor.

Como explica Alexander Huerta-Mercado en su ensayo Imagen que nos mira: vedettes peruanas, la vedette no puede entenderse únicamente como un objeto de deseo masculino. Su figura también funciona como un espacio de negociación: una mujer que entra en un sistema construido alrededor de la mirada ajena, pero que aprende a utilizar esa misma mirada para construir identidad, presencia y poder.

Sin embargo, la popularidad de las vedettes no dependía únicamente de ellas. También dependía del público que las observaba y de aquello que ese público buscaba en una figura femenina.

Por eso hablar de vedettes implica también hablar de los hombres de su época.

Durante décadas se idealizó al hombre fuerte, silencioso, incapaz de mostrar vulnerabilidad. Ese personaje sigue vivo incluso hoy.  Basta mirar a los sigma boy o los llamados los lobos solitarios, antihéroes melancólicos o los que el youtuber peruano Neverquik denomina «literalmente yo» del cine: Travis Becker (Taxi Driver), Ryan Gosling (Blade Runner 2049), Santiago Roman (Dias de Santiago), entre otros.

Pero la globalización, el internet, los movimientos feministas y los cambios culturales de las últimas décadas han transformado la manera en que entendemos las relaciones, la identidad y el afecto. Han aparecido nuevas generaciones de hombres más dispuestos a hablar de salud mental, vulnerabilidad y emociones. El cambio es desigual y está lejos de completarse, pero resulta imposible ignorarlo.

Las mujeres también han recorrido su propio proceso. Cada vez son más visibles los modelos de feminidad que no giran exclusivamente alrededor de la pareja como trad-wifes, o la aprobación masculina. Mujeres que construyen una identidad propia, carreras, comunidades y formas de éxito que no necesariamente consisten en ser elegidas por alguien.

El término nació en Japón durante la segunda mitad del siglo XX para describir a jóvenes artistas cuya popularidad dependía tanto de su talento como de la relación emocional que construían con sus seguidores. Cantaban, bailaban, actuaban y aparecían constantemente en medios de comunicación, pero su principal atractivo era otro: la sensación de cercanía.

Y quizás sea en este contexto donde aparece una figura aparentemente lejana, pero sorprendentemente relevante: la idol.

Mientras una estrella tradicional parecía inalcanzable, una idol debía parecer accesible. Los fanáticos no solo admiraban su trabajo; sentían que la conocían.

Quizás el mejor retrato de esta dinámica no venga de la sociología sino del cine. En 1997, la película Perfect Blue nos presentó a Mima Kirigoe, una joven idol japonesa que decide abandonar la música para convertirse en actriz. Lo que sigue no es solamente una historia sobre fama o acoso, sino sobre algo mucho más inquietante: la sensación de que una figura pública deja de pertenecerse a sí misma.

Aunque el término “Idol” pertenece a Asia, la lógica no nos resulta extraña. En Latinoamérica encontramos fenómenos parecidos en influencers, streamers, chicas reality, creadoras de contenido o artistas cuya comunidad sigue no solo lo que hacen, sino quiénes son.

La vedette existía para ser observada. La idol existe para ser seguida.

La vedette era una fantasía construida alrededor del deseo. La idol es una fantasía construida alrededor de la conexión.

Por supuesto, la sensualidad no ha desaparecido. Tampoco el deseo. Pero parece haber cambiado aquello que buscamos en nuestras figuras admiradas. Hoy seguimos a personas que nos muestran fragmentos de su vida cotidiana, que hablan de sus problemas, que interactúan con sus comunidades y que parecen accesibles, aunque en realidad sigan estando muy lejos.

Tal vez por eso la transición entre la vedette y la idol resulta tan interesante. No porque una haya reemplazado a la otra. Sino porque ambas revelan algo sobre las fantasías de su tiempo.

La vedette era una mujer que parecía demasiado lejos para alcanzarla. La idol es una mujer que parece lo suficientemente cerca como para olvidarnos de que sigue estando lejos.

Sobre la Autora:

Vanessa Begazo López (Arequipa, Perú) más conocida como La Perra Negra, es comunicadora social, diseñadora, ilustradora y artista visual. Su trabajo cruza el arte contemporáneo, la ilustración y la video-poesía experimental, con una estética realista-tercermundista e hyper-sensible influenciada por el punk, los videojuegos, el anime y la cultura pop. Ha trabajado como diseñadora para McCann y actualmente forma parte del Estudio Provincia. Se especializa en ilustración para bandas y proyectos musicales, y ha sido ganadora de premios nacionales e internacionales en ilustración. Desarrolla videopoemas y performances presentados en festivales y espacios culturales, destacando su participación en el Hay Festival Arequipa 2025 con la performance Oda a los doteros, oda a nadies. En 2024 fue coautora del libro Ser comunicadora: 20 voces de la comunicación. Su obra explora la fragilidad humana desde una mirada contemporánea, con una identidad hyper-latina, visceral y profundamente emocional.

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