OTRAS COSAS By La Perra Negra. Pintar para no estar solo. Gráficas pesqueras del Perú

En los puertos del sur peruano, los barcos pesqueros guardan algo más que historias de trabajo: revelan un arte popular invisible que expresa identidad, memoria y afectos. Entre la soledad del mar y la dureza del oficio, estas pinturas acompañan a los pescadores y construyen una forma de expresión tan íntima como ignorada.
Pintar para no estar solo. Graficas pesqueras del Perú por Vanessa Begazo
Foto: Vanessa Begazo

Hombres que se levantan de madrugada para equiparse con botas y trajes que oscilan entre lo sumamente ligero y lo excesivamente abrigado, según el contraste del día y la noche. Peruanos que salen a enfrentar algo que casi nadie encara hoy en día: la soledad y la certeza de estar completamente alejados de todo. Kilómetros de distancia que no pueden recorrer de regreso con la facilidad de un viaje a un pueblo lejano. No. Estamos hablando de personas con una fuerza mental que supera a la de cualquier citadino. Lejos de sus familias, esposas e innumerables hijos, comiendo lo mínimo, durmiendo por turnos en cabinas ajustadas, acompañados por un sonido constante que ha vuelto locos a muchos a lo largo de la historia: el sonido del mar.

Los pescadores son, sin duda, trabajadores importantes para el Perú. No solo por su aporte al círculo de la economía, sino también como motivo de orgullo para un país con una costa tan vasta. Hombres de una fuerza admirable, poco conocida por las generaciones modernas vinculadas a trabajos tecnológicos. Los bravos del mar: un oficio misterioso al que pocos tienen acceso, ya sea por el control del puerto, las normas de seguridad o el poco interés que genera frente a otros espacios más accesibles, como playas o muelles turísticos.

Este oficio, con una relación tan inherente al mar, siempre me ha generado curiosidad, miedo, admiración e incluso un leve coqueteo con la locura, como le pasó a Hemingway. Pero al encontrarme con un lugar como Villa el Pescador, en Matarani (uno de los puertos de Arequipa), y visitar las bambalinas de su puerto no turístico, algo captó especialmente mi atención: el arte pintado en sus barcos.

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Y es que, a diferencia de los barcos turísticos, de una combi o de un carro, un barco pesquero es un transporte enorme que solo es visto por otros pescadores, otras tripulaciones y, ocasionalmente, por los vecinos del pueblo. Viéndolo así, me surgen las preguntas: ¿Para quién está hecho ese pintado? ¿A quién busca comunicarle algo? ¿Por qué lo hacen?

Escudos de Alianza Lima, de Universitario, del FBC Barcelona (porque el fútbol nunca falta en el país), y frases como: “Mis tres amores: Carmen, Lucía, Nayeli” o “Por ti, mamita Martita”, que suelen aludir a mujeres cercanas al capitán. Porque, quizás, lo único que sostiene a un hombre rodeado de agua e incertidumbre es el recuerdo del amor y la calidez humana.

Íconos de la cultura pop como Naruto, Sasuke, Gokú o Mickey Mouse conviven con Sarita Colonia y frases religiosas que bendicen a la navegación. Otros barcos llevan en la proa grandes pinturas de tiburones con bocas abiertas e innumerables dientes, con expresiones terroríficas, como si se tratara de aeronaves de la Segunda Guerra Mundial. ¡Menudo sentido del humor!

Vi un bote con una gráfica de ojos rojos somnolientos que decía “El Wiro”, y otro cuyo nombre era “El Chévere”, como si buscaran provocar pequeñas conversaciones casuales y chistes entre amigos al ser reconocidos los guiños.

Pensé que, al igual que en las combis, no hay nada más puro que este tipo de gráfica popular.

No buscan complacer a nadie, ni conseguir admiración, ni seguir reglas, ni obtener reconocimiento académico como forma de arte. Ni siquiera busca diferenciarse en medio del mar, donde un barco en labor rara vez encuentra otro a millas de distancia. Estas imágenes parecen existir simplemente para acompañar a quienes habitan el barco, recordarles su identidad y responder a su propia experiencia.

Aunque por ahora no he podido contactar a los artistas que realizan estos pintados en Matarani, sé que son dos personas: hijo del sargento de playa (cuya historia debe ser interesantísima) y un hombre al que llaman “Tico”. Uno de ellos estudió en el Instituto de Bellas Artes de Arequipa, y aunque en el puerto reconocen que ambos tienen estilos distintos, coinciden en que los dos son auténticos artistas. También escuché que el más conocido era un hombre llamado “Miguel Ángel” (para conveniencia de su oficio y esbozo de sonrisa mía), pero falleció hace poco.

Debe ser muy grande la honra de ser un artista de puerto. Al menos, personalmente, creo que el orgullo de poder intervenir una superficie (que bien podría ser un lienzo vacío) para convertirla en una gráfica con expresión propia es algo profundamente valioso.

Y aunque no encontré registros académicos, artísticos ni notas de prensa sobre este oficio, creo que eso también nos dice algo. El arte no necesita ser validado por nadie ni admirado por muchos.

Mientras algunos buscamos legitimidad en galerías, otros están pintando sobre barcos que nadie documenta.

Y quizás ahí esté una de las formas de arte más honestas: cuando la imagen deja de representar y empieza a habitar.

Sobre la Autora:

Vanessa Begazo López (Arequipa, Perú) más conocida como La Perra Negra, es comunicadora social, diseñadora, ilustradora y artista visual. Su trabajo cruza el arte contemporáneo, la ilustración y la video-poesía experimental, con una estética realista-tercermundista e hyper-sensible influenciada por el punk, los videojuegos, el anime y la cultura pop. Ha trabajado como diseñadora para McCann y actualmente forma parte del Estudio Provincia. Se especializa en ilustración para bandas y proyectos musicales, y ha sido ganadora de premios nacionales e internacionales en ilustración. Desarrolla videopoemas y performances presentados en festivales y espacios culturales, destacando su participación en el Hay Festival Arequipa 2025 con la performance Oda a los doteros, oda a nadies. En 2024 fue coautora del libro Ser comunicadora: 20 voces de la comunicación. Su obra explora la fragilidad humana desde una mirada contemporánea, con una identidad hyper-latina, visceral y profundamente emocional.

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