¿La carne de cuy cura el cáncer? Es falso, según evidencia científica

La creencia de que comer cuy ayuda a combatir el cáncer persiste entre pacientes oncológicos y sus familias. Sin embargo, una revisión de estudios científicos y las consultas a especialistas del IREN Sur y la Sociedad de Oncología Médica del Perú confirman que no existe evidencia clínica de que su consumo prevenga, detenga o cure esta enfermedad.
Es FALSO que el consumo de la carne de cuy cure el cáncer
Es FALSO que el consumo de la carne de cuy cure el cáncer

Durante más de una década en distintas publicaciones (1,2)se afirmaba que la carne de cuy (Cavia Porcellus) ayudaba a combatir el cáncer.

De acuerdo a estimaciones de la médica oncóloga del Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas del Sur (IREN Sur), ubicado en la ciudad de Arequipa, Josefa Fuentes, al menos 7 de cada 10 de sus pacientes con cáncer llegan con la creencia —o bajo la insistencia de sus familiares— de que tomar sopa de cuy todos los días los ayudará a curarse de la enfermedad.

Sin embargo, esta creencia es falsa. Una revisión de las principales bases de datos biomédicas mundiales —como PubMed y el registro de ensayos clínicos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos—, así como las consultas realizadas a la Sociedad de Oncología Médica de Perú, además de especialistas del IREN Sur, confirman que no existe ningún estudio clínico en seres humanos que demuestre que comer carne de cuy (cobayo, cuyo, conejillo de indias) prevenga, detenga o cure el cáncer.

¿Por qué se cree que la carne de cuy cura el cáncer?

El origen de la confusión se remonta a dos investigaciones farmacológicas de mediados del siglo XX que no guardan relación con la dieta humana.

En 1953, el patólogo estadounidense John G. Kidd publicó dos estudios en la revista The Journal of Experimental Medicine (1,2) tras descubrir que, al inyectar suero sanguíneo de cobayos o cuyes (Cavia Porcellus) en la cavidad abdominal de ratones y ratas con linfomas trasplantados (cáncer), los tumores retrocedían e incluso desaparecían por completo en varios de los animales tratados. Entonces Kidd no fue capaz de identificar el compuesto que produjo tal efecto.

Ocho años después, entre 1961 y 1963 (1,2), el investigador John D. Broome demostró en publicaciones en las revistas Nature y The Journal of Experimental Medicine que el componente activo de ese suero inyectado era la enzima L-asparaginasa, presente en el suero del roedor.

Esta enzima degrada el amioácido asparagina en el torrente sanguíneo e impide que ciertas células malignas de la sangre —como los linfoblastos de la leucemia linfoblástica aguda— puedan multiplicarse.

EVIDENCIA. Estudio de J. Kidd (1953): probó inyectar suero de cuy en ratones con linfoma, nunca el consumo de su carne. (Fuente: J. Exp. Med.)

Desmontando el mito

En ese sentido, Giancarlo Casas Acillo, nutricionista clínico del IREN Sur, subespecializado en nutrición oncológica, explicó que la L-asparaginasa es una proteína sensible a la temperatura. Al hervir, freír u hornear el cuy, la enzima se degrada.

También, al tragarse, las enzimas digestivas la desintegran antes de que llegue a la sangre. «Desde el sentido molecular y fisiológico, es completamente inviable que la asparaginasa del cuy cocido genere algún efecto por vía oral en pacientes oncológicos», precisó Casas.

Asimismo, La diferencia entre el medicamento oncológico y un plato de comida radica también en una cuestión de concentraciones y física básica. Casas Acillo señala que en el suero sanguíneo del cuy la enzima apenas se encuentra en concentraciones mínimas a escala de nanogramos. En contraste, los medicamentos hospitalarios de quimioterapia contienen asparaginasa altamente purificada en dosis de miligramos —una escala un millón de veces superior—. Según el especialista el medicamento L-asparaginasa que se usa en pacientes oncológicos actualmente no se obtiene de cuy, sino mediante biotecnología a partir de las bacterias Escherichia coli y Erwinia.

Incluso administrada por vía intravenosa en un hospital, la L-asparaginasa solo funciona contra las neoplasias hematológicas puntuales como la leucemia linfoblástica aguda (LLA), y no tiene efecto sobre otros tipos de tumores cancerígenos.

«Comer cuy no equivale a recibir asparaginasa intravenosa, del mismo modo que comer corteza de sauce no equivale a tomar una aspirina solo porque del sauce se aisló originalmente su compuesto activo», resumió el nutricionista.

Ello no quiere decir que la carne de cuy no tenga valor nutricional.

INVIABLE. La L-asparaginasa oncológica se fabrica en laboratorio: el suero de cuy contiene apenas trazas mínimas, inviables para alcanzar una dosis terapéutica en pacientes humanos.

¿Qué beneficios nutricionales tiene la carne de cuy?

De acuerdo con las Tablas Peruanas de Composición de Alimentos (TPCA) del Instituto Nacional de Salud, cada 100 gramos de carne de cuy aportan 19,0 gramos de proteínas, 1,6 gramos de grasas, 1,90 miligramos de hierro y 96 kilocalorías.

Casas Acillo explicó que este aporte proteico ayuda a contrarrestar el desgaste muscular que sufren los pacientes sometidos a quimioterapia o radioterapia, pero cumple exactamente la misma función dietética que otras carnes blancas o magras como el pollo, el pavo y el pescado. «Lamentablemente ni el cuy ni ninguna otra carne son una bala mágica contra el cáncer». A la misma conclusión llega la médico oncóloga Josefa Fuentes.

Por su parte, Fuentes advirtió que obligar a los pacientes con quimioterapia a tomar sopa de cuy todos los días puede provocarles aversión, por lo que recomienda variar la dieta de los pacientes oncológicos.

NUTRITIVO. Las Tablas Peruanas de Composición de Alimentos le dan un alto nivel nutricional a la carne de cuy, sin embargo ello no implica que sea una cura contra el cáncer.

Sin evidencias

Pancarta.pe consultó con la Sociedad de Oncología Médica del Perú y a través de una respuesta breve se nos aseguró que no tienen conocimiento de que exista algún estudio científico que permita concluir que el consumo oral de la carne de cuy combata el cáncer.

También revisamos el Repositorio Nacional Digital de Ciencia, Tecnología e Innovación (ALICIA/RENATI-SUNEDU) y confirmamos que no existe ninguna tesis médica ni estudio clínico sobre el consumo de la carne de cuy aplicada al cáncer.

Lo que si existe es un estudio que diagnostica el uso del cuy en la medicina alternativa en la región Lambayeque (2018). Sin embargo, no está disponible y en su resumen ejecutivo no se establece ninguna evidencia científica que relacione el cuy como una cura contra el cáncer más allá de su aceptación popular basada en la creencia que se busca desmentir en la presente verificación.

En ese sentido, si bien la carne de cuy posee un alto valor nutricional, ni su pulpa ni su sangre contienen la concentración de L-asparaginasa necesaria para un tratamiento oncológico en seres humanos. Además, tanto la cocción como la digestión por vía oral destruyen esta enzima, lo que impide cualquier efecto antitumoral en los pacientes. Finalmente, incluso como medicamento inyectable de origen bacteriano, la L-asparaginasa solo actúa sobre un grupo específico de cánceres hematológicos —como la leucemia linfoblástica aguda y ciertos linfomas—, sin acción sobre los demás tipos de tumores. Por lo expuesto, es falso que el consumo de la carne de cavia porcellus, cuy, cobayo, cuyo o conejillo de indias cure el cáncer.

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