Becas y educación pública: Un motor de cambio, NO CARIDAD

Acceder a una beca en el Perú sigue siendo visto como privilegio y no como inversión pública. Este texto cuestiona la narrativa que estigmatiza a los becarios, analiza el rol de Pronabec y expone cómo la precariedad del entorno empuja la fuga de talentos, revelando una fractura social más profunda.
Becas y educacion publica un motor de cambio no caridad
Foto: El Peruano
Banda de autora Sol Farah Luna Castillo

Hace un año logré acceder a la beca UNESCO de gestoras culturales y hoy estoy por culminar este proceso. Quizá para algunos esto pueda parecer una «pequeña oportunidad» pero, soy plenamente consciente de que para muchos las becas por más cortas o extensas que sean pueden ser una gran puerta, quizás la única, para salir adelante. Esta experiencia generó una duda profunda en mi, sobre cómo valoramos las oportunidades en el Perú y bajo qué peso emocional y social cargamos a quienes las reciben.

La discusión no es menor cuando enfrentamos situaciones y cifras crudas. Según el director ejecutivo del Pronabec, Enrique Chon Yamasato, el 40% de los becarios no regresa al Perú y más de un tercio incumple su compromiso de servicio al país. Esta noticia ha servido de combustible para una narrativa perversa que se resume muchas veces en la frase: «con mis impuestos estudias». Es aquí donde debemos detenernos. ¿Por qué se siente como una acusación y no como un orgullo colectivo? Los discursos que menosprecian las becas y la educación pública, no es solo un ataque personal; es el síntoma de una fractura social. Se percibe la educación pública y las becas del Estado no como una inversión colectiva en el futuro, sino como una caridad malgastada. Pero antes de señalar al becario que decidió quedarse en el extranjero, debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo como país para que volver sea una opción real y no un sacrificio?

Lo que sucede actualmente con Pronabec y la educación pública no debe normalizarse ni verse como una ayuda mal administrada, en otros países, descuidar la formación de los ciudadanos se entiende como un atentado directo contra el futuro. En el Perú, parece que hemos aceptado la burla hacia lo público como parte del paisaje.

También puedes leer: Aprendí el feminismo en la vida: Cuando crecer significa incomodar

Quienes acceden a estos beneficios no deberían sentirse en la obligación contractual de «mejorar el país» como una cadena pesada, sino como una posibilidad de libertad. ¿Por qué no desearlo genuinamente? Pero ese deseo se marchita cuando el entorno es hostil y qué más hostil que vivir en Perú.

El estigma sobre el becario y la precariedad de la educación pública son barreras que nosotros mismos, especialmente quienes llegamos a ser docentes, debemos derribar. No podemos ver la educación pública simplemente como el camino hacia un nombramiento estable o una zona de confort. Eso debería debería ser, en realidad, un compromiso de mejora continua y no un fin en sí mismo.

Si solo aspiramos a la estabilidad sin transformación, le estamos dando la razón a quienes creen que la inversión estatal es un desperdicio. Nos quejamos de este sistema podrido pero cuando llegamos a el nos volvemos igual de nauseabundos.

El problema de la retención de talentos no es solo un fallo administrativo de Pronabec, es un reflejo de cuánto nos despreciamos como sociedad cuando permitimos que se menosprecie el esfuerzo de quien viene de abajo. La educación pública es el motor más potente que tiene el país para acortar brechas, pero necesita defensores, no solo beneficiarios.

Necesitamos una reflexión profunda que nos lleve a entender que el compromiso con el Perú nace del respeto y la oportunidad real, no de la culpa ni del señalamiento de quienes creen que pagar impuestos les da derecho a humillar el talento ajeno. Solo cuando veamos la educación como el compromiso ético de elevar a los demás, y no solo como un logro personal, empezaremos a cambiar la historia de este país.

Sobre la autora:

Sol Farah Luna Castillo. Comunicadora con especialidad en Relaciones Públicas por la UNSA, con maestrías en Comunicaciones (PUCP) y en Gerencia Estratégica de Recursos Humanos (UNSA), se desempeña como docente de posgrado en la UCSM y docente en la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación de la UNSA. Dirige la Asociación Cultural Entre Líneas, reconocida por el Ministerio de Cultura, fue beneficiaria de apoyos del MINCUL en 2021 y es ganadora de la Beca Gestora Cultural UNESCO 2025, cursando un diplomado en Gestión Cultural. Ha asesorado planes de comunicación para instituciones públicas y privadas, lidera procesos de capacitación en la Macro Región Sur, es coordinadora y coautora del libro Ser Comunicadora, 20 voces de la comunicación, integra el equipo de la Fundación Territorial NOSXOTROS y fue responsable de comunicación del proyecto nacional de desconcentración del depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *