En zonas agrícolas e irrigaciones de la región Arequipa, entre los sectores de La Joya, Vítor y El Pedregal, el seguimiento de una vacuna puede perderse en el trayecto. Puede que una enfermera llame para recordar la siguiente dosis y nadie le responda. La familia pudo haber dejado el cuarto alquilado, cambiado de celular o mudarse a otra zona por trabajo. Pese a ello, el niño sigue en el registro, aunque se encuentre en otro punto del país.
El sociólogo Eliseo Zeballos explica que esta movilidad forma parte de la vida de muchas familias en los alrededores de la capital arequipeña. Algunas están vinculadas a la minería, otras a la agricultura o al comercio. Su rutina se reparte entre la zona alta, la ciudad de Arequipa y los valles donde han empezado a invertir en una chacra, una tienda o algún pequeño negocio.
«Si hoy uno busca a don Julián Quispe, puede encontrar a su esposa en la zona alta mientras él está en Arequipa. La semana siguiente, él aparece en el valle y ella en la ciudad. La familia rota según el trabajo y el cuidado del hogar. En la práctica, se vive en más de un lugar», ejemplificó el especialista sobre la dinámica de esta población flotante.
Esta movilidad no se circunscribe a La Joya. Zeballos señala que el fenómeno se repite en otras partes de la región y se alimenta de familias que llegan desde Cusco, Puno, Moquegua y otros lugares en busca de mejores oportunidades. Esa vida nómada también alcanza a los niños.
En La Joya (Arequipa), el diagnóstico interno de la Microred del distrito —elaborado en 2025 y al que Pancarta.pe pudo acceder— advierte que la migración de los padres es una de las amenazas para la vacunación de los menores de cinco años. A eso se suman padres que salen a trabajar antes del amanecer y regresan por la tarde, teléfonos que no se contestan o cambian de número, la ausencia de mecanismos para cruzar información y ubicar a las familias y la desinformación antivacunas que persiste en la zona.
El impacto aparece en las coberturas. En La Joya, tres de cada diez niños no ha recibido la primera dosis de la vacuna pentavalente —que protege contra difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B y las enfermedades por Haemophilus influenzae—. El mismo déficit se observa en las vacunas antipoliomielítica y antineumocócica.
El problema se agrava conforme el niño crece. Siete de cada diez niños no cuenta con la vacuna antiamarílica —dosis única, contra la fiebre amarilla— . La segunda dosis de la SPR —sarampión, paperas y rubéola— apenas alcanza al 53% de los menores, y los refuerzos de la DPT y la antipoliomielítica rondan el 57%. En los menores de cuatro años, solo uno de cada cuatro recibió el refuerzo de la vacuna contra la polio en el momento en que debía aplicarse.
La situación de La Joya no es una excepción aislada: es el ejemplo más agudo de un problema que se extiende a toda la región. En Arequipa, el 60% de los infantes menores de cuatro años no completó su esquema de vacunación durante 2025, de acuerdo con cifras oficiales del Ministerio de Salud disponibles en la plataforma REUNIS, que contabiliza la cobertura de vacunas a nivel nacional.
El desafío de completar el esquema de vacunación
Antes de cumplir cinco años, un niño debe recibir 14 vacunas en 24 dosis. El esquema nacional de vacunación exige al menos ocho visitas a un centro de salud durante los primeros cuatro años: al nacer, a los 2, 4, 6, 12, 15 y 18 meses, y en refuerzos posteriores. Para una familia que trabaja lejos, que migra o que alterna residencia entre la ciudad y el valle, cada una de esas citas es un obstáculo adicional. Cuando la familia se muda antes de la siguiente dosis, el hilo del seguimiento se rompe.
FALTA DE COBERTURA. A medida va avanzando el esquema, la cobertura de vacunas disminuye. Fuente: Presentación de evaluación interna de la Microred de la Joya. Esta recopila información de todos sus centros de salud.
Es lo que revela el diagnóstico interno de la Microred La Joya, citado previamente: aunque algunas vacunas del primer año superan el 70% de cobertura, esa cifra se deteriora con cada retorno que el esquema exige. A mayor edad del niño, menor cumplimiento del esquema de vacunación (ver cuadro).
El fenómeno no se limita a La Joya. Al cierre de 2025, los datos del REUNIS muestran que la región Arequipa alcanzaba coberturas casi totales al inicio del esquema: 99,7% en BCG y 98,7% en hepatitis B. Pero a los 18 meses, la segunda dosis de la SPR —sarampión, paperas y rubéola— llegaba al 74,1%. A los cuatro años, el segundo refuerzo contra la polio quedaba en 60,7%. La caída en la cobertura de vacunación es un fenómeno de escala regional.
DESCENSO DE INOCULACIONES. Mientras los recién nacidos alcanzan una cobertura de vacunas al 90%, al llegar los 4 años solo alcanzan el 60% de cobertura. Fuente: Reunis – Repositorio Único Nacional de Información en Salud
Primer problema: la población flotante
Lency Uribe, responsable de Promoción de la Salud de la Microred Pedregal, atribuye la caída en las coberturas al constante tránsito de las familias entre diferentes zonas de Arequipa. Cuando el personal de salud intenta ubicar a un menor, la dirección ya no sirve o el teléfono fue reemplazado por un chip prepago nuevo —una práctica común entre quienes prefieren no viajar a la ciudad solo para recuperar su número original—.
Uribe describe familias que llegan por dos o tres meses, se desplazan luego hacia Santa Rita, Camaná o zonas de minería informal, y regresan a sus lugares de origen. En ese movimiento, el seguimiento se pierde.
A ese problema se suma otro distinto: la desconfianza. Uribe señala que muchas familias provenientes de zonas rurales altoandinas nunca han sido vacunadas. Al no haber enfermado y sentirse bien, no perciben la necesidad de proteger a sus hijos.
Gloria Rodríguez, trabajadora social y encargada de Promoción de la Salud de la Microred La Joya, confirma el primer problema. En sus rastreos, estima que alrededor de tres de cada diez familias migran por temporadas, lo que impide completar las inmunizaciones. La dificultad se agrava en viviendas alejadas del centro del distrito y se vuelve crítica cuando el equipo de salud necesita aplicar una barrera epidemiológica.
Giovana Valdivia, coordinadora regional de Inmunizaciones de la Gerencia Regional de Salud, recuerda que cumplir con el esquema de vacunación es responsabilidad de los padres y que cualquier centro de salud puede atenderlos. «Todos los niños están ingresados en el sistema», señala. Pero entre la responsabilidad formal y la realidad del la región, hay una distancia que los datos muestran con claridad.
La desinformación antivacunas
A esa fragilidad se suma la desinformación. Gloria Rodríguez (Microrred La Joya), recuerda que durante la pandemia algunos espacios radiales difundieron mensajes que asociaban las vacunas con daños en los niños, reforzando los temores de padres que ya desconfiaban del sistema de salud.
Inclusive, Rodríguez recibió advertencias de que podían responsabilizarla públicamente si algún menor presentaba complicaciones tras vacunarse. Esas amenazas fueron públicas y a través de medios de comunicación. Rodríguez temió por su integridad y trasladó la responsabilidad de comunicar la estrategia de vacunación a los especialistas de su microrred.

Ese clima no desapareció del todo. el rechazo ya no tiene la intensidad de los años más duros del COVID-19, pero persiste en redes sociales y conversaciones cotidianas.
En el municipio de La Joya, al hacer nuestra búsqueda de fuentes, nos contactamos con Sócrates Espinel, jefe de imagen institucional, quien señaló en una breve conversación por WhatsApp: «Aquí en la Joya hay mucha gente que se resiste a las vacunas. Cayó muy fuerte la desinformación del COVID-19».
Deficiencias del padrón nominal
A estas barreras se suma una falla estructural. Giovana Valdivia, coordinadora regional de Inmunizaciones de la Gerencia Regional de Salud, identifica que la principal debilidad es la ausencia de una política estatal de comunicación educativa continua sobre vacunas. Sin esa base, la desconfianza encuentra terreno fértil.
Valdivia también confirma la caída de coberturas conforme los niños crecen. Los padres suelen aceptar mejor las vacunas cuando el menor es pequeño, pero el interés disminuye cuando se trata de refuerzos, y más aún cuando los discursos antivacunas influyen en sus decisiones.
Un eslabón crítico en este problema también es el padrón nominal. Este registro debe contar con datos actualizados de todos los niños menores de 5 años y es elaborado por los municipios, sin embargo, de acuerdo a Valdivia es uno de los principales problemas que tiene el personal de salud para dar seguimiento al esquema de vacunación de los niños.
Cada municipio debe garantizar la existencia de data actualizada no solo para la vacunación, si no también para la atención de otros programas sociales tanto del municipio como de otras entidades.
En La Joya, señala Gloria Rodríguez por su parte, el padrón contiene datos de niños que figuran como residentes pero que ya se han mudado a otros distritos.
Rodríguez estima, a partir de su trabajo de campo, que el 30% de las familias migra y el 40% cambia de celular. El sistema municipal no tiene la agilidad ni las herramientas para rastrear esos cambios de forma continua.
El resultado es una brecha entre el registro y la realidad. El personal de salud detecta que un niño ya no vive en la dirección declarada y los municipios no cuentan con presupuesto ni movilidad para verificarlo en campo y depurar la base de datos.
Débiles frente a la sarampión
Para evitar brotes de cualquier enfermedad, la OMS y la OPS establecen que se necesita mantener coberturas de al menos 95% con dos o más dosis. Arequipa terminó 2025 lejos de ese umbral en la segunda dosis de SPR, la vacuna que protege contra el sarampión, una amenaza latente: en 2026, la región vecina de Puno acumula más de 60 casos confirmados de la enfermedad.

En 2025, La Joya registró una alerta de sarampión. En abril de 2026, se activó otra en Majes-Pedregal. Tras los análisis de laboratorio en Lima, estos casos fueron descartados. Según la Red de Salud Arequipa-Caylloma, la vacunación contra el sarampión en la jurisdicción de La Joya se mantiene en cifras reducidas. En 2023, el promedio mensual fue de 23 niños vacunados con la primera dosis de SPR y 16 con la segunda. El mismo patrón aparece en El Pedregal y Vítor.
La cobertura de la SPR en la Microred La Joya ilustra con precisión esa pérdida de seguimiento. En 2025, la meta era vacunar a 341 niños de un año. De ellos, 256 recibieron la primera dosis, un avance de 75,07%. Pero la segunda dosis, que debe aplicarse a los 18 meses, solo alcanzó a 182 niños: el 53,37% de la meta. Entre una dosis y la siguiente, 74 menores desaparecieron del registro.
Situación similar, vacunaciones en disminución en Pedregal. Fuente: Red de Salud Arequipa-Caylloma.
La brecha no se distribuye igual en todos los establecimientos. En el Centro de Salud La Joya, la primera dosis llegó al 71,43% pero la segunda cayó al 48,30%. En El Cruce-Triunfo, la primera alcanzó el 74,12% y la segunda quedó en 54,71%. El caso más extremo es el Puesto de Salud Benito Lazo: cinco niños con primera dosis, dos con segunda.
Estos datos corresponden solo a La Joya, los únicos registros de cumplimiento de metas a los que se tuvo acceso. El personal de El Pedregal confirmó una situación similar en el seguimiento de menores, pero no facilitó información sobre sus metas de vacunación.
Y así se forma un círculo difícil de romper. Para vacunar a un menor, primero hay que encontrarlo. Pero si el padrón está desactualizado, si la familia migra, si cambia de número o si los padres desconfían de las vacunas, el seguimiento se quiebra. En ese vacío, los niños no son solo una cifra pendiente: son menores fuera del alcance del sistema que debe protegerlos.