La trampa del sistema electoral en las próximas elecciones generales 2026

Las Elecciones Generales 2026 se perfilan como el proceso más complejo de la historia republicana del Perú. Con 36 candidaturas presidenciales y un sistema que obliga a tomar hasta nueve decisiones de voto, especialistas advierten que la fragmentación política y la desconfianza ciudadana podrían afectar la legitimidad del próximo Congreso.

En las próximas elecciones generales, la democracia peruana se encamina hacia un escenario sin precedentes por su nivel de atomización y complejidad técnica. Álvaro Henzler, presidente de la Asociación Civil Transparencia, en el marco de la presentación de los resultados del proyecto «Diálogos por el Perú» realizada en Arequipa califica de forma tajante este proceso como «la elección más compleja y más incierta en nuestra historia republicana». Esta aseveración se sustenta en cifras récord: un padrón de 27 millones de electores enfrentado a una oferta de 36 candidatos presidenciales y 38 listas parlamentarias.

El problema no está solo en la cantidad de candidatos si no en las nueve decisiones que tomaremos los ciudadanos. Sí, nueve.

En total, deberemos marcar o llenar primero, voto por el partido de presidente y vicepresidentes; voto por el partido y preferencial al Senado por distrito único (30 escaños a nivel nacional); voto al partido y preferencial al Senado por distrito múltiple (30 escaños distribuidos en regiones ); voto al partido y preferencial para diputados (130 escaños distribuidos por regiones); y voto al partido para el Parlamento Andino y preferencial para el mismo.

Esta sobrecarga de decisiones ocurre en el punto más bajo de satisfacción con la democracia y la clase política, lo que genera una apatía ciudadana que Henzler describe como un «caldo de cultivo para propuestas anarquistas, populistas y extremistas».

Consecuencias

Este escenario de fragmentación se agudiza con la configuración de las reglas de juego: los partidos deberán obtener el 5 % de los votos y alcanzar 7 escaños en la cámara de diputados para superar la valla electoral. En el caso de la cámara de senadores el porcentaje es el mismo pero la cifra de escaños mínima se reduce a 3. A ello hay que sumarle que a pesar de no superar la valla electoral en estas elecciones, los partidos podrán participar de los comicios regionales y municipales de octubre.

Para el sociólogo y docente de la Universidad Nacional de San Agustín, José Luis Ramos Salinas, con esta doble valla electoral estamos en un escenario de ‘fraude legal’. De acuerdo a su posición, las normas se han dado para que, sin importar el voto ciudadano, los partidos que históricamente tienen baja representatividad puedan adueñarse del Congreso. «Si las elecciones fueran mañana, los únicos partidos que tendrían representación en el Congreso serían Fuerza Popular y Renovación Popular. Es decir, es posible capturar el congreso con el apoyo de 1 de cada 10 peruanos».

Carlos Timaná, politólogo de la Universidad Católica de San Pablo, a pesar de tener una posición más conservadora, coincide con Salinas respecto a que la configuración del sistema permitirá que partidos con escasa representación puedan acceder al congreso. A su juicio, los partidos diseñaron las reglas de la última reforma electoral para “pescar en río revuelto”, apostando a que una votación dispersa les permita obtener mayor representación con menos votos, aprovechando el voto ‘duro’. En ese contexto, prevé que el próximo Parlamento no supere los nueve partidos y que la confusión sobre la distribución de escaños vuelva a erosionar la legitimidad del sistema.

En ese sentido, Timaná complementa su diagnóstico desde el comportamiento electoral. Advierte que el problema se agrava por una expectativa poco realista sobre el elector. Frente a un “menú” de más de 30 opciones, sostiene que es improbable que la ciudadanía realice un análisis pormenorizado de cada candidatura. En la práctica, afirma, muchos optarán por el camino más corto: marcar el mismo logo para presidente, Senado y Diputados.

En ese contexto y en ausencia de claridad, «las campañas se concentrarán en movilizar sentimientos, y la segunda vuelta volverá a definirse por lógicas de rechazo antes que por adhesión programática», finalizó Timaná.

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