
La primera vez que puse un pie en Iquitos, tuve una sensación extraña: pensé que había retrocedido en el tiempo. Me encontré con una ciudad que se mueve a otro ritmo, donde los buses antiguos de madera parecen resistirse al paso de las décadas y donde las veredas y pistas desaparecen apenas te alejas unas cuadras del centro. Viniendo de Arequipa, una ciudad con una estructura urbana distinta, el choque fue inmediato. Me preguntaba, con una mezcla de frustración y curiosidad, por qué el crecimiento no es igual para todos en nuestro país; por qué el desarrollo parece detenerse para la selva peruana.
Existe el mito de que, en esta tierra tropical, por su exuberancia, la fruta es barata y abundante. Pero la realidad me recibió con precios elevados. Es la gran ironía amazónica: vivir en el pulmón del mundo y pagar por insumos básicos como si fueran artículos de lujo, simplemente porque aquí todo llega tras días de viaje por río.
El asfalto que no llega: El costo de la conectividad
Iquitos es, en la práctica, una isla continental. Al no existir una carretera que nos conecte con el resto del país, el desarrollo urbano se vuelve una tarea titánica. Cada bolsa de cemento o m² de asfalto debe viajar miles de kilómetros por vía fluvial, triplicando los costos de obra pública y la tierra blanca conocida como Varillal, no es suficiente para abastecer una ciudad como Iquitos y menos, a todo el departamento de Loreto. Esto explica, aunque no justifica, por qué tantas calles siguen siendo de tierra y por qué las veredas son un recurso limitado en plena ciudad. Sin conectividad, el progreso se encarece y la infraestructura se vuelve un privilegio de pocos metros a la redonda.
La invasión como respuesta al vacío
Ante la falta de una planificación urbana real y programas de vivienda accesibles, la ciudad ha crecido de forma reactiva. Lo que el Estado no planifica, la necesidad lo ocupa. Es común ver cómo la gente invade terrenos y se apropia de espacios —muchas veces en zonas inundables o de riesgo— porque es su única vía para tener un hogar. El problema es que este crecimiento desordenado genera un círculo vicioso: es casi imposible llevar pistas, veredas y servicios básicos a zonas que nacieron fuera de cualquier plano oficial.
Rodeados de agua, pero con sed
Quizás la paradoja más dolorosa es la del agua. Es incomprensible que, estando rodeados por los ríos más caudalosos del planeta, el abastecimiento en la ciudad sea tan limitado. La infraestructura obsoleta y la falta de inversión en plantas de tratamiento modernas nos condenan a tener un servicio por horas o de baja calidad. Es el recordatorio constante de que la abundancia natural no sirve de nada sin una gestión política que esté a la altura del territorio.
El futuro que Iquitos merece
A pesar de estas carencias, lo más valioso que he encontrado aquí es su gente. Me gustaría que más jóvenes en Iquitos tengan la verdadera oportunidad de elegir la universidad y la carrera que desean, sin que las limitaciones económicas o la falta de oferta local les corten las alas. Sueño con que puedan acceder a una alimentación nutritiva y más económica, porque el talento en esta ciudad sobra y es brillante. Iquitos tiene muchísimo que dar; solo necesita que se le apoye más, que se le vea con prioridad y que, finalmente, el progreso deje de ser un visitante que nunca termina de llegar.

Sobre la autora
Alejandra Doménique Zea es comunicadora social con mención en comunicación para el desarrollo por la UCSM y egresada de la maestría en Solución de Conflictos (USMP). Tiene 10 años de experiencia en organizaciones públicas y privadas. Actualmente es facilitadora de desarrollo territorial en Plan International Perú. Fue especialista en comunicación en Piura, Lambayeque y Loreto, gestionando proyectos de emprendimiento y empleabilidad juvenil, salud sexual y reproductiva, gestión de riesgos y respuesta humanitaria. Implementó iniciativas de protección de la niñez con enfoque de género e inclusión. Experta en comunicación estratégica y fundraising, dirigió la agencia Medusa Creativa. Voluntaria en Kumpay y coautora de “20 voces de la comunicación”.
Un comentario
Me parece un artículo muy interesante y da paso a conocer un poco más la realidad de la ciudad de Iquitos, que dicho sea de paso es un luga muy bonito y sus paisajes naturales son impresionantes y merece más atención del gobierno Nacional, para su desarrollo y que deje de ser una ciudad detenida en el tiempo.