
El asfalto del Centro Cívico de Tacna dejó de ser una simple vía de tránsito para transmutar en un lienzo vivo. De pronto, la cotidianidad se fracturó ante la irrupción de la belleza: pasos coreográficos de una precisión milimétrica, trayectorias veloces y pausas que, en su aparente reposo, contenían toda la tensión y el misterio del arte. Transeúntes apresurados detuvieron su marcha, embelesados ante un hechizo colectivo que los convirtió, sin previo aviso, en testigos de un rito sagrado.
Era el preludio a una celebración global. Desde 1982, cada 29 de abril —en memoria del maestro Jean-Georges Noverre— la danza reclama como suyas las calles, las aulas y los teatros. Fieles a este llamado que busca acercar el arte a la ciudadanía, la Carrera de Artista Profesional en Danza de la Escuela de Formación Artística Pública (ESFAP) Francisco Laso orquestó, la noche del 24 de abril, un encuentro bautizado con profunda justicia como Pasión por la Danza. Fue una confirmación magistral de una verdad irrefutable: los peruanos llevamos el ritmo latiendo en la sangre, y en nuestra vasta geografía de costa, sierra y selva, la danza es el pilar de nuestra identidad.
El espectáculo fue un viaje sin pasaporte a través de trece presentaciones que dibujaron el alma del país. Nos dejamos arrastrar por la elegancia de la Marinera y pandilla puneña, nos sumergimos en la exuberancia amazónica con la Etnia Bora, y ascendimos a las alturas de Lima y Áncash de la mano de las Pallas de Laraos y las Pallas de Corongo. El Carnaval de Tunasmarka nos ancló por un instante en la calidez de Moquegua, mientras que danzas como Non Ashe Io Patati, Uno Cajas de Azángaro y los Negritos de Recuay preparaban el terreno para el clímax. La noche estalló con la infaltable marinera norteña y una apoteósica Fusión Folclórica, que hizo vibrar el escenario uniendo a más de cincuenta almas danzando al unísono.
Un suspiro aparte mereció el elenco de danza contemporánea. Con piezas como Queen Bee y Entre el Son y el Bolero, el lenguaje corporal alcanzó su máxima expresión. Los danzantes no solo ejecutaban movimientos; traducían emociones crudas y pensamientos complejos, demostrando que el cuerpo humano es un instrumento capaz de articular verdades profundas que las palabras, a menudo, no logran abarcar.
Pero fue, quizás, el Elenco Infantil de Danza de la ESFAP el que robó el aliento más genuino de la jornada. Niños y niñas, de apenas seis a once años, interpretaron los Negritos de Yauyos. Verlos fue comprender que sus pasos eran un manifiesto de supervivencia cultural. Ellos son el testimonio vivo de que el folclore se niega a morir, confirmando aquella hermosa premisa: «En cada niño que baila florece el futuro de nuestra cultura».
La noche fue cayendo mansamente, arropada por el eco de ovaciones de un público contagiado por la energía vibrante de los artistas. El término del espectáculo era inminente, pero en el aire flotaba la certeza de que no solo se había celebrado el Día Internacional de la Danza, sino la vida misma y nuestra inmensa diversidad.
Detrás de esta epifanía, se erigían los artífices de la velada, aquellos maestros que tocaron nuestras fibras más sensibles: Yovana Paz Cañari, Jhony Chambilla Calizaya, Elsa Giuliana Astete Vizcarra, Felix Héctor Chambilla Encinas, Nelson Ventura Laura y Vilma Marisol Centeno Palomino. Fueron ellos quienes, esa noche en Tacna, nos recordaron que cuando la voz no alcanza, el cuerpo despierta para traducir de la manera más hermosa lo que somos y sentimos como seres humanos.

Sobre la autora:
Mery Ramos Choque es comunicadora social por la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann, artista profesional con mención en teatro por la Escuela de Formación Artística Pública Francisco Laso, egresada de la maestría en Gestión y Políticas Públicas (UPT), especialista en Gestión Cultural (MALI). Tiene más de 07 años de experiencia en comunicación institucional y gestión de proyectos culturales en el sector público y privado. Coautora de los libros: “Tierra Afro: Memorias del proceso” (2021) y “Ser Comunicadora: 20 voces de la comunicación” (2024).