
Una mujer pierde el pelo. Sin una razón clara ni explicación definitiva. Solo un día, bajo la ducha, su cabellera empieza a caer y un pozo se forma a los pies de Miriam, la protagonista. Ella, secretaria en la Facultad de Ciencias de la universidad, primero busca un diagnóstico médico, una solución científica a su problema. Pero la pesquisa queda en nada: ginecóloga, endocrinólogo, dermatóloga, psicólogo, la examinan y no encuentran respuesta a los cabellos que siguen desprendiéndose. Y Miriam, una mujer de 50 años que se ha pasado la vida como personaje secundario (entre la medianía y la indefinición), desiste de encontrar una cura. Acepta su calvicie y empieza una transformación de vida, proceso del que somos testigos en la novela Un animal que se deja caer (Lumen, 2025), escrita por Melanie Pérez Arias.

Desde el inicio del libro, la autora nos envuelve con el mundo de su protagonista. Un mundo cotidiano enmarcado entre la casa, el trabajo de oficina, un puñado de buenas amigas, un par de decepciones y la rutina de las urbes latinoamericanas. Pero también, su pulso narrativo nos envuelve con un lenguaje minucioso y elegante. Y, a la vez, vital e inquieto. Esta ficción sobre la amistad y la pequeña épica de la existencia está en manos de una narradora nerd e informada, pero con baile y sazón. Y eso se agradece. Melanie dosifica su historia en breves capítulos, con encanto y pericia, y mientras avanza el periplo de Miriam, inserta recetas caseras para contrarrestar la calvicie, y estampas de otras mujeres que también perdieron el pelo. Mezcla de registros que hacen mucho más dinámica la lectura.
Melanie es periodista, pero creo que en un universo paralelo, al otro lado del espejo, bien pudo haber sido cirujana de cuello y cabeza. Porque en esta novela escribe con una precisión envidiable. Delinea imágenes con soltura, construye personajes con voces encantadoras, y te sumerge en el mundo que construye desde esa claridad. Y su prosa te guía e ilusiona, entre la operación mística y la plena conciencia de sus recursos literarios. Acá una muestra:
“Se acostó en el sofá a recibir el fresco de la tarde, en sostén, con los pantalones y los zapatos puestos. Tendría que llamar a la tía Magda por su cumpleaños, pero qué aburrimiento escucharle otra vez el avemaría de que nadie la llama y está tan sola. Dios te bendiga, ¿y ese milagro? Yo pensé que se te iba a olvidar, como nunca me llamas; no, tía, imagínese, ¿cómo se me va a olvidar? Y luego quedarse quince minutos con el auricular pegado a la oreja pensando en otra cosa o soltar cada tanto un qué calamidad, porque el nieto de la tía Magda, en realidad tía abuela, tenía problemas de conducta, desde chiquito era el mismísimo diablo; algún día lo van a encontrar con los pies para adelante; ay, tía, no diga eso, Dios lo cuide; menos mal que a ti se te pasó la hora de criar porque son un dolor de cabeza” [Pág. 21].
Esta novela se escribió en el Perú, pero con el corazón puesto en la Venezuela natal de Melanie. En estas páginas está presente esa Caracas de su memoria. Las calles y rincones que atesora pese a la distancia, con su clima, sus ruidos y aromas. “Huele a frío en esta ciudad de colinas pequeñas como nudillos, pobladas de casas a medio construir. Le gusta estar despierta cuando se apagan las luces de los postes, como si alguien, un hombre viejo y encorvado en overol, encendiera y apagara el interruptor del día en algún sótano húmedo donde no llega luz, pero crecen las plantas” [Pág. 46]. Esta atmósfera de una ciudad extendida “como una mujer que duerme” es otro de los puntos fuertes del libro, junto con las descripciones costeñas, páginas caribe cargadas de color, playa, aire marino y exuberancia. Escenarios de su propia cosecha que se fusionan con las voces locales de Yarexy, la amiga peluquera, y Doña Ysa, madrina medio bruja y medio sabia, que van cargadas de su identidad y música.
Un animal que se deja caer retrata la resistencia de alguien que busca reacomodarse, luego de que su cuerpo (al menos, una parte de él) se rebela, y pone de cabeza esa calma aparente que habíamos construido. La traición de nuestra propia biología para obligarnos a salir de la comodidad. Y en esa pequeña gesta que incomoda a Miriam, nos atrapa esta novela. Porque apuesta por esas odiseas en miniatura, que subestimamos porque no vienen con la estridencia de las tramas y temas en apariencia importantes. Acá Melanie nos trae la belleza de lo simple y cotidiano: una historia sobre el poder de la amistad, sobre la apuesta por los propios sueños, y sobre esa búsqueda de la plenitud así parezca que ya estamos tarde y a medio camino. De eso un poco creo trata la vida. Y creo que también por eso, me siento tan a gusto en el mundo que Melanie ha sabido construir con destreza, sabiduría y cariño.

Sobre el autor
Jorge Malpartida Tabuchi (Arequipa, 1990). Periodista, escritor y docente universitario. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNSA. Maestro en Escritura Creativa por la PUCP. Autor del libro de cuentos “Contra toda autoridad, excepto…” (Aletheya, 2024), y de “Patato: el goleador humilde que miraba al frente” (2018), crónica sobre Eduardo Márquez, ídolo del FBC Melgar. Fue reportero y editor en La República, Sin Fronteras y El Comercio. Se especializa en periodismo cultural y el estudio de la cultura pop y digital. Publicó relatos en las revistas “El gran cuaderno” (Argentina) y “Espinela” (Perú). Creador y conductor del podcast de literatura “Lector Beta”. Enseña periodismo y escritura creativa en universidades de Arequipa y Lima.