
Arequipa es una ciudad acostumbrada a mirar de reojo aquello que no encaja en su molde tradicional. Pero hace unos días, en plena calle Mercaderes, ese molde se resquebrajó por unos minutos. Karla Paloma Cayani, mujer trans arequipeña y candidata al Senado por el partido Venceremos, avanzaba acompañada por un grupo diverso de mujeres trans, lesbianas, gays, personas no binarias, jóvenes aliados y la drag queen Serushi, cuya presencia convirtió las calles del centro histórico en un pequeño escenario de reivindicación. Era una imagen inusual en las campañas tradicionales, donde banderolas partidarias se mezclaban con banderas del orgullo, voces decididas a ocupar el espacio público y una candidata trans caminando sin miedo.
Las arengas se repetían con fuerza: “Karla al Senado, Arequipa de su lado” y “Karla en tacones rompiendo los patrones”. A paso firme y envuelta en ese mar de alegría, la columna avanzó por toda la calle Mercaderes, cruzó la Plaza de Armas justo mientras se realizaba un evento de la Policía Nacional y continuó hasta llegar al local de La Bóveda, en el Portal de San Agustín. Durante todo el trayecto observé cómo la gente no dejaba de mirar; algunos con sorpresa, otros con curiosidad, pero nadie apartaba la vista. En una ciudad donde lo distinto suele relegarse a los márgenes, esa caminata se convirtió, por sí sola, en un acto político.

En La Bóveda se presentaba también el candidato presidencial de Venceremos, el abogado Ronald Atencio Sotomayor. Pero la atención no dejó de posarse sobre Karla. Cuando tomó el micrófono, habló desde un lugar que pocas veces se escucha en política: el de quienes han sentido en carne propia lo que significa la exclusión. No se centró únicamente en las poblaciones trans o LGTBI. Habló de las comunidades campesinas, de las personas racializadas y de todas aquellas vidas que históricamente han sido dejadas atrás por el Estado. “Sé lo que es quedar fuera, por eso quiero legislar para todos”, dijo.
Su campaña es austera, pero está sostenida por una convicción colectiva evidente. Y esa autenticidad, que suele ser despreciada por la maquinaria electoral tradicional, generó un pequeño “boom” en redes sociales. Los videos y fotos se multiplicaron rápidamente, junto con mensajes de apoyo, palabras de aliento y el orgullo de ver a una mujer trans dar un paso tan grande en una región conservadora. También aparecieron ataques transfóbicos, los de siempre, los que creen que la política es propiedad de unos pocos. Aun así, algo quedó claro: Karla Paloma movió algo en Arequipa. Encendió una conversación que muchos preferían evitar.

En nuestra conversación, Karla me contó que estudió para ser profesora antes de iniciar su proceso de transición. Sin embargo, cuando finalmente transitó, ejercer su carrera se volvió imposible. Hoy se dedica al estilismo, como muchas mujeres trans que deben reinventarse para sobrevivir. Su historia refleja un patrón más amplio. En el Perú, estudios estiman que alrededor del 85 % de personas trans está desempleada y que una gran mayoría termina en el trabajo sexual o en empleos informales, no por elección sino por la falta de oportunidades laborales reales y por una discriminación persistente. A nivel internacional, la exclusión también es evidente; investigaciones muestran que las personas trans tienen el doble de probabilidad de estar desempleadas y suelen percibir ingresos mucho más bajos. Esta brecha revela cuánto potencial profesional se desperdicia por barreras estructurales que niegan a las personas trans el derecho a ejercer sus carreras con dignidad.
Mientras seguía conversando con Karla, entendí por qué genera tal impacto en las calles y en las redes. Ella tiene muy clara la responsabilidad de su candidatura. No quiere ser “solo la candidata de las personas trans”, aunque reconoce que representarnos es urgente y necesario. Su proyecto político es más amplio: quiere trabajar por la dignidad de todos, porque todos merecemos vivir seguros, con oportunidades reales y sin sentir que la política es una puerta cerrada. También habló de legislar para las familias, en plural, y no desde el modelo único que históricamente se ha impuesto desde el poder, ignorando la diversidad de hogares que existen en el Perú.
Cuando le pregunté qué haría si llegara al Senado, no dudó. Me dijo que lo primero sería anular todas las leyes pro-crimen que este Congreso ha aprobado. Lo afirmó con la serenidad de quien conoce de cerca el daño que esas normas generan en la vida cotidiana.

Por todo esto, sentí que esta candidatura merecía ser escrita. Porque gane o no, Karla Paloma ya está haciendo historia. Y no lo está haciendo en cualquier lugar, sino en Arequipa, una de las ciudades más conservadoras del Perú, pero también una ciudad de lucha, resistencia y terquedad. La misma terquedad que, a lo largo de nuestra historia, nos ha permitido enfrentar injusticias. Karla es parte de esa tradición, aunque algunos aún no lo comprendan.
Me queda la sensación de que seguirá dando de qué hablar. Ojalá pueda escribir más sobre ella o sentarme a una entrevista más profunda en los próximos días. Porque voces como la suya no aparecen todos los días en la política regional.
Las elecciones de este año vuelven a recordarnos algo fundamental: la representación trans no es un gesto simbólico ni una moda pasajera. Es una necesidad democrática. Cuando una persona trans llega a un espacio donde nunca se le permitió estar, no solo se abre una puerta. También cambia el relato de lo posible. Karla Paloma no solo está postulando al Senado, está defendiendo el derecho a imaginar un país donde la diversidad no tenga que pedir permiso para existir.
Y eso, para mí, es un motivo de esperanza.
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Sobre el autor:
Bruno Montenegro (Él) es un hombre trans arequipeño, comunicador y director audiovisual. Fue reconocido como defensor de derechos humanos por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú en 2019. Es director de proyectos en Fraternidad Trans Masculina Perú y director de comunicaciones de la REDCAHT, donde lidera iniciativas sociales y regionales en favor de la salud y los derechos trans en América Latina. Estudió Comunicación en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA) y cuenta con amplia experiencia en incidencia política nacional e internacional, así como en la gestión de proyectos de comunicación con organizaciones sociales dentro y fuera del país. Apasionado por el cine y el ciclismo, utiliza el arte y la comunicación como herramientas para visibilizar realidades diversas, promover la empatía y transformar narrativas sobre las identidades trans en el Perú y la región.
Un comentario
No conocía ni a la candidata ni a la historia del periodista que conduce este sitio, pero agradezco el arduo trabajo que hacen.