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El relato de la tragedia de una comerciante del Avelino

Es la medianoche entre el 16 y el 17 de agosto. Hilda, una mujer de más de 50 años descansa en su casa ubicada en el centro poblado 3 de Octubre (Socabaya). 

De pronto, Hilda recibe una llamada, a la que entre sueños logra responder. 

-“¡Hilda , Tu puesto está hecho tiras!”, le dijo un socio del mercado “Señor del Gran Poder”.

Ahora ella nos cuenta que al principio, pensó que era una broma, “¿Cómo iba a ser posible?”, exclama la comerciante.

En un inicio se negó a la idea de que todos sus productos estén destrozados. Esta noticia era difícil de procesar y asimilar. Ella tenía que verlo con sus propios ojos. 

Entonces se paró de la cama y habló con su familia para contarles de ese extraño aviso. Ellos respondieron que la acompañarían y no la dejarían sola. 

Era hora de alistarse, pues la situación apremia. La dama tomó unos abrigos -para cubrirse del frío- y cogió unos zapatos -los primeros que vio limpios-. Luego, pasó -una sola vez- el peine por sus cabellos. Y agarró una bolsa donde colocó lo más indispensable: más ropa. 

Al salir de su casa haci su puesto en el mercado, no dejaba de pensar y preguntarse qué es lo que en realidad pasó. ¿Cómo su puesto estaría en ruinas de la noche a la mañana?

Incluso, su mente le propuso nuevas hipótesis, nuevas historias que quedaron descartadas al llegar al centro de abastos Señor del Gran Poder. 

Para entender lo que sintió Hilda -aquel momento que vio toda su mercadería en ruinas  y sus verduras convertidas en  “agua”- deberás conocer su historia. 

La mercadería de Hilda, luego de que la compactadora impactara contra el mercado.

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Primeros puestos de los comerciantes destrozados.

La historia de las mujeres arequipeñas luchadoras

Empieza el día allá por los años ’80’, el sol aún no sale, pero algunos hombres y mujeres ya se levantaron porque su día ya comenzó. 

En una casa en Socabaya, las llamas de una cocina comienzan a disminuir su volumen. El caldo está casi listo. El olor que emana, una preparación exitosa, despierta los sentidos apetitosos de los miembros de la familia. 

Entre los familiares, Hilda -la hija mayorl sabe que ya es hora de salir y que debe apresurar el paso, ya que su madre terminó de preparar el caldo.

Entonces, alista todo y -con ello- lo más importante: su cuaderno. Aquel registro en el que escribe los apellidos y nombres de quienes prueban diariamente la sazón de su madre. De igual modo, a puño y letra están detallados los gustos y preferencias de cada cliente. 

La madre, el padre y la hija mayor (Hilda) están prestos a empezar un día más en el negocio. Llegan al mercado popular 13 de Enero -en José Luis Bustamante y Rivero-, se instalan y comienzan a abastecer a los madrugadores.

El frío de las mañanas arequipeñas pretende someter a los emprendedores, pero ellos tienen motivaciones más grandes que no les permiten rendirse. Mientras tanto, un buen caldo de cabeza calientito logrará que repongan las fuerzas para continuar su jornada. 

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Los comienzos de una comerciante

“Desde los ocho años, yo acompañaba a mi madre en cada negocio”, nos cuenta Hilda.

Y explica que después de años de madrugar para preparar los caldos, su madre se cansó de aquella rutina y decidió vender verduras por las calles cerca al Avelino. 

Luego, conseguiría un lugar dentro del bazar que le permitió establecerse y ser la ama y dueña de su propio negocio. Satisfizo las necesidades de los arequieños con sus infaltables productos de primera necesidad para las familias. 

La venta de verduras no es un negocio fácil. Los que se dedican a este rubro deben levantarse muy temprano, más o menos antes de las tres de la mañana. Si es posible, antes. 

“Yo salgo de mi casa a las cuatro de la mañana y salgo de trabajar a las 9 de la noche”, comentó Hilda, quién continúa el último negocio de su madre.

-“El alma bendita de mi madre se fue hace diez años, ella me enseñó todo lo que sé” añade la emprendedora.

Los clientes suelen ser muy exigentes con la calidad de las hortalizas, pues las desean “muy frescas”. Los vegetales deben tener dos a tres días máximos de exposición, luego deben sacarlos del stand y cambiarlos por unos más frescos. 

El secreto es surtirlos, ya que son productos que se deterioran rápido. Los expertos saben que deben venderlo todo en el día. No hay otra opción. De lo contrario, tendrán pérdidas. 

“Yo vendo: cebolla, tomate, limón, habas, arveja, vainita, zanahoria, lechuga, pepino, calabaza, ají verde, espinaca, albahaca, zapallo, papa canchán y más”.

La lista continúa. Nombra uno a uno los recursos que vende como si recitara el himno de Arequipa; un himno que va aprendiendo desde hace más de veinte años. 

No olvidemos que su madre le enseñó cómo manejar el negocio del que aún se hacía cargo hasta antes del accidente de este 17 de agosto en el que una compactadora de basura impactó contra su zona de trabajo.  

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Continúa la tragedia

Son las 10 de la mañana del 17 de agosto. Pasaron más de 9 horas desde el accidente. Hilda se encuentra parada frente a lo que era su tienda de verduras. Cabizbaja y en silencio. Sus ojos delatan la agonía de su pesar y sus palabras sin ritmo exponen a una mujer desalentada.

“Cuando llegué al mercado, vi todo el desastre y me senté en una esquina para entender lo que estaba pasando”.

Mercado “Señor del Gran Poder”.

El viacrucis de Hilda recién comienza, pero estamos seguros que saldrá de esta; pues si bien es una mujer amable y dócil por fuera, por dentro conserva raíces fuertes que no la harán quebrarse. 

Las mujeres llamadas Hildas se caracterizan por ser luchadoras y amantes de la vida con un pensamiento firme. Incluso a pesar de que se encuentren inmersas en situaciones de melancolía. El nombre Hilda proviene de la cúltura nórdica. Y este le pertenece a la valquiria caracterizada por su fuerza y por mantenerse en batalla.

“Lo único que quiero es que me devuelva todo, tal y como estaba. Mi murito, mis verduras, mis papas (…)” pide aquella mujer que enfrenta las adversidades desde los 8 años.

Desea recuperar su mercadería en razón de que debe pagar cuotas al banco, alquileres y otros pagos. Esos compromisos y obligaciones que no le permiten descansar, ni tomar las vacaciones que merece tras décadas de trabajo.

Por otro lado, reniega de la persona que derrumbó los primeros puestos del mercado.

-“No deberían cubrir al señor que causó este accidente, deberían darle una sanción, ya que estaba borracho”, atribuye. Pues según comentarios de los comerciantes, el responsable estuvo en el hospital y luego lo dejaron libre.

Dos comerciantes además de la señora Hilda, perdieron también su mercadería: la señora Valentina – quien tiene cerca diez stands dentro del mercado-, y un joven que apenas unos días antes empezaba su negocio dentro del mercado. 

Reunión de los comerciantes del mercado “Señor del Gran Poder”

Los comerciantes esperan pronto llegar a un acuerdo con el Municipio de Socabaya. El fin es recuperar las pérdidas económicas y que les ayuden a reparar los daños.

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