
La piratería, en Occidente, suele entenderse como un delito, una falta de respeto al arte original. Pero en Oriente existe el término “Shanzhai», muy bien explicado por el filósofo Byung-Chul Han. Según él, la copia no necesariamente busca reproducir fielmente un modelo, sino transformarlo. En lugar de una réplica exacta aparece una variación, una mezcla, un error productivo, una mutación. Eso es el Shanzhai.
Recuerdo que hace varios años compré un DVD pirata de una película recién estrenada. “La calidad está casi original pero la voz es de cine”, inventamos todo un lenguaje como código popular, yo sabía lo que eso significaba y por eso el precio era de tres soles. Durante la película se escuchaban las risas y comentarios del público; a veces alguien cruzaba frente a la cámara y por un momento, me perdía de algunos frames. Pero en un momento llegó un plot twist tan fuerte que el camarógrafo del cine soltó un “Asaaaaa”. Eso rompió la quinta pared. Además de hacerme reír, me llamó la atención lo acompañada que me sentí, el comentario fue oportuno, casi necesario. Había algo extrañamente correcto dentro de toda esa situación incorrecta.
Las medias Naik, los polos Adibas, los stickers de Looney Tunes gangster en los micros, un Gokú peleando contra Superman en un camión, la Poly Station. Todo eso también es Shanzhai.
Estos objetos suelen verse como errores o productos de baja calidad. Sin embargo, también pueden entenderse como una forma de remix-visual. Íconos populares que, al pasar por circuitos informales de producción, se mezclan con códigos locales y generan algo distinto. Muchas de estas piezas no engañan a nadie, porque su intención no es imitar perfectamente un modelo, sino apropiarse de él para producir otra versión.
El universo Shanzhai-Peruano es rico y diverso. Muchas de estas estéticas nacen como una forma de acceso cultural para personas que no tienen el capital económico para comprar originales. La copia se vuelve una puerta de entrada a la cultura visual global, quizás para encajar, quizás para estar a la moda, quizás para aparentar, o quizás simplemente porque se ven más chéveres.
A estas alturas, uno podría pensar en todas las consecuencias negativas que tiene la piratería en el Perú, especialmente para pequeños artistas, diseñadores o editoriales independientes. Pero me resulta difícil pensar en el Shanzhai peruano (copias y falsificaciones que no tienen intención de ser fiel a los originales) como algo completamente negativo, sobre todo cuando nos han dado gráficas tan potentes, saturadas, llenas de collage y mezcla como cualquier otra forma de arte local.
Si muchas de nuestras estéticas nacieron de copiar mal, si la cultura visual vive de copiar y mezclar, ¿por qué seguimos creyendo tanto en la santidad del original?

Sobre la Autora:
Vanessa Begazo López (Arequipa, Perú) más conocida como La Perra Negra, es comunicadora social, diseñadora, ilustradora y artista visual. Su trabajo cruza el arte contemporáneo, la ilustración y la video-poesía experimental, con una estética realista-tercermundista e hyper-sensible influenciada por el punk, los videojuegos, el anime y la cultura pop. Ha trabajado como diseñadora para McCann y actualmente forma parte del Estudio Provincia. Se especializa en ilustración para bandas y proyectos musicales, y ha sido ganadora de premios nacionales e internacionales en ilustración. Desarrolla videopoemas y performances presentados en festivales y espacios culturales, destacando su participación en el Hay Festival Arequipa 2025 con la performance Oda a los doteros, oda a nadies. En 2024 fue coautora del libro Ser comunicadora: 20 voces de la comunicación. Su obra explora la fragilidad humana desde una mirada contemporánea, con una identidad hyper-latina, visceral y profundamente emocional.