
Hace un mes, en enero, se conmemoró 3 años de las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte que terminó con decenas de peruanos y peruanas —adolescentes y adultos— asesinados por las fuerzas del orden en los enfrentamientos ocurridos principalmente en el sur peruano.
Producto de aquellos nefastos días, y con el objetivo de mantener viva la memoria de lo ocurrido entre diciembre de 2022 y enero de 2023, recientemente se estrenó el documental Uyariy, palabra quechua que significa “escuchar”, que narra – con testimonios de familiares de las víctimas e imágenes inéditas – lo que ocurrió en la ciudad de Juliaca (Puno). El objetivo de la cinta es, desde mi punto de vista, no dejar que las muertes ocurridas queden impunes y sin justicia para los deudos. Memoria, justicia y verdad, palabras muy importantes en una sociedad.
El solo hecho de producir un documental de este tipo es loable y digno de admiración. Y el nombre del documental Uyariy, así como el contenido, refleja ello, pues busca que todos nosotros escuchemos a aquellas personas que se quedaron sin un hermano, sin un hijo o hija, sin un esposo, y que aún hoy no obtienen justicia a pesar de que la buscan incansablemente sin saber si la conseguirán o no, pero con la certeza de que sus seres queridos no regresarán jamás.
Más llamativo aún fue el intento de censura del documental. Cineplanet, una de las cadenas de cine, retiró la cinta de su cartelera sin aviso. La respuesta de la gente, gracias a las redes sociales fue un rechazo profundo a la actitud de este grupo empresarial y como ocurre cuando se trata de suprimir hechos de interés de los ciudadanos, lo único que lograron fue que el público acuda masivamente a las pocas salas que lo proyectaban y generaron que más cadenas de cine la proyecten.
Mientras escribo esta columna recuerdo una frase que todos alguna vez la hemos escuchado y que en situaciones como esta cobra sentido: “Un pueblo que no conoce su pasado está condenado a repetirlo”. He ahí la importancia de la memoria colectiva, de aquellos sucesos que afectan a una sociedad y que son necesarios conocerlos. Uyariy, —que cuenta con testimonios e información corroborada por testigos y medios de comunicación— muestra cómo personas que brindaban ayuda médica a los manifestantes y, en algunos casos, ni siquiera participaban de las protestas, perdieron la vida. Saber ello nos hace ver que las fuerzas armadas actuaron de manera desproporcionada y sin un mínimo respeto a la vida de las personas.
Así como Uyariy busca generar memoria a través de un documental, también se tiene el libro Nuestros Muertos, del periodista Américo Zambrano, publicado en 2024 y que con un detalle digno de un reportaje minucioso ahonda no solo en los hechos ocurridos sino en la vida de cada uno de los peruanos que perdieron la vida en regiones como Arequipa, Puno, Ayacucho, entre otras.
Recurriendo a la técnica periodística de corroboración de los hechos, fuentes documentales, testimonios y demás nutre un libro que también ayudará a que lo ocurrido en nuestro país, con nuestra gente sea recordado, leído y analizado por las futuras generaciones. Tal vez de allí el nombre del libro, Nuestros Muertos, porque fueron personas como nosotros, familias trabajadoras, adolescentes con sueños y metas que hoy ya no viven.
Una canción que me acompaña en estos momentos y refleja lo que sentí tras ver el documental y leer el libro mencionados en esta columna es la de León Gieco. Se llama “Solo le pido a Dios”, y una parte de la letra es esta:
“Solo le pido a Dios
Que el dolor no me sea indiferente
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”
Y sí, yo solo le pido a Dios eso.
Sobre el autor:
Gustavo Callapiña Diaz (1996) Arequipeño. 28 años. Nací el último día del año 1996. Estudié Periodismo en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UNSA. Comencé a laborar como redactor de política y sociales en el Diario Sin Fronteras (2019). Trabaje en el Diario El Pueblo (2019-2021) y fui corresponsal para el medio digital OjoPúblico en la región Arequipa. Realicé prensa institucional en el Gobierno Regional de Arequipa (2022), y actualmente me desempeño como gestor de comunicación en la Universidad Nacional de San Agustín y soy jefe de prácticas en el programa de Periodismo de la misma universidad.